Una llamada. Treinta minutos. Te llamo yo.
La forma más rápida de saber si tiene sentido trabajar juntos es una conversación honesta. Sin formulario largo, sin cuestionario corporativo, sin call qualifier que te pasa entre tres personas.
Elige un horario y te llamo.
La llamada dura 30 minutos. Si necesitamos más tiempo, lo coordinamos en la primera llamada — no antes.
Si preferís escribir antes que hablar.
Va al mismo lugar. Respuesta personal en menos de 24 horas hábiles.
Qué pasa en esos 30 minutos.
Te pregunto qué problema técnico te quita más el sueño esta semana. Probablemente me adelantes una versión de la respuesta cuando agendes — me sirve para llegar afilado.
Después conversamos sobre tres cosas: el problema concreto, el contexto del negocio detrás del problema, y qué intentaste antes que no funcionó.
Cero presión de venta. Cero intentos de cerrar en la llamada. La presión de venta destruye la posibilidad de hechura — empezar mal es la forma más cara de empezar.
Trabajamos con clientes en EE.UU. y Latinoamérica.
Inglés (técnico fluido)
Si tu zona horaria lo dificulta, lo coordinamos por email.