Una llamada. Treinta minutos. Te llamo yo.
La forma más rápida de saber si tiene sentido trabajar juntos es una conversación honesta. Sin formulario largo, sin cuestionario corporativo, sin call qualifier que te pasa entre tres personas.
Veintiocho años en tecnología desde mi primera conexión dial-up en la ciudad de Guatemala. Los últimos diez liderando equipos de desarrollo full-stack en Centroamérica. Domiciliado en Los Ángeles para acortar la distancia con Silicon Valley sin perder el contexto del cliente latino. Las llamadas iniciales las atiendo personalmente — no hay representantes ni embudo de ventas.
Elige un horario y te llamo.
La llamada dura 30 minutos. Si necesitamos más tiempo, lo coordinamos en la primera llamada — no antes.
Si preferís escribir antes que hablar.
Va al mismo lugar. Respuesta personal en menos de 24 horas hábiles.
Qué pasa en esos 30 minutos.
Te pregunto qué problema técnico te quita más el sueño esta semana. Probablemente me adelantes una versión de la respuesta cuando agendes — me sirve para llegar afilado.
Después conversamos sobre tres cosas: el problema concreto, el contexto del negocio detrás del problema, y qué intentaste antes que no funcionó.
Cero presión de venta. Cero intentos de cerrar en la llamada. La presión de venta destruye la posibilidad de hechura — empezar mal es la forma más cara de empezar.
Dos semanas. Si no te convence el fit, te devolvemos lo invertido.
Empezamos con dos semanas de discovery pagadas. Si al cerrar esas dos semanas no estás convencido del fit del equipo, del método y del enfoque que proponemos — te devolvemos lo invertido y nos vamos como amigos. Sin letra chica, sin negociación. La gente que firma con nosotros lo hace porque quiere, no porque ya gastó.
Trabajamos con clientes en EE.UU. y Latinoamérica.
Inglés (técnico fluido)
Si tu zona horaria lo dificulta, lo coordinamos por email.